La teoría
Esta técnica de geoingeniería cae en la categoría de manejo de la radiación solar (SRM, por sus siglas en inglés) e intenta reducir la cantidad de luz solar que entra en la atmósfera de la Tierra mediante pequeñísimas partículas reflejantes colocadas en la estratósfera. En 1991 la erupción del volcán Monte Pinatubo en Filipinas arrojó 20 millones de toneladas de dióxido de sulfuro en la estratósfera y el planeta entero se enfrió entre 0.4 y 0.5 grados centígrados. Aunque la idea de los volcanes artificiales se propuso por vez primera en 1977, el concepto se ha refinado en los años recientes. Los científicos calculan que una reducción del 2% de la luz del sol podría evitar el aumento de la temperatura resultante de la duplicación del CO2 atmosférico. Los promotores de la SRM hacen planes para ejecutar esta técnica a nivel regional, sobre el Ártico, para detener el derretimiento del hielo o promover que se siga formando. Las partículas serían arrojadas por jets, mangueras de fuego, cohetes o chimeneas. El “Plan B” por excelencia, esta técnica se promueve como una medida de “emergencia” que podría traer resultados rápidos y que no sería costosa.
¿Quién está involucrado?
La técnica de arrojar partículas hacia la atmósfera está logrando más atención que cualquier otra propuesta de geoingeniería. La Agencia de Proyectos Avanzados para la Defensa de Estados Unidos (DARPA, por sus siglas en inglés) ha analizado varios métodos posibles para la distribución de las partículas, y la NASA ha investigado los impactos de los aerosoles en el cambio climático. El Grupo NOVIM, una nueva empresa con sede en California, cuya misión es proponer “opciones científicas claras… sin favoritismos” publicó su primer informe sobre ingeniería climática en agosto del 2009, enfocado en las erupciones volcánicas artificiales. Steven Koonin, ahora subsecretario para ciencia en el Departamento de Energía de Estados Unidos, fue uno de sus autores principales. Este estudio propone una agenda para la investigación, desarrollo y operación de la geoingeniería.
¿Qué está mal con los volcanes artificiales?
Detener o demorar la tasa de calentamiento global mediante el manejo de la radiación solar no tiene efectos sobre los niveles de CO2 en la atmósfera, de modo que los síntomas se atienden pero no las causas. Incluso quienes promueven esto admiten que los sulfatos estratosféricos tienen muchos impactos desconocidos, aunque algunas investigaciones ya nos anuncian algunos:
- Habría más daños a la capa de ozono en tanto las partículas de sulfato en la estratósfera proveerían de superficies adicionales con las que reaccionarían los gases clorados, tales como CFC y HFC
- La habilidad para arrojar partículas en áreas específicas donde se necesita reducir la luz del sol (por ejemplo el Ártico o Groenlandia) es altamente especulativa y es probable que las partículas se difundan hacia cualquier otro lugar.
- Es probable que los niveles de precipitación pluvial se reduzcan en algunas regiones. Enormes emisiones volcánicas de partículas de sulfato en el pasado han ocasionado disminución o ausencia de lluvias monzónicas y grandes sequías en las latitudes tropicales.
- Los modelos preliminares del funcionamiento de tales técnicas indican que habría un rápido aumento en la temperatura si se pone en operación la propuesta y luego se detiene. El rápido aumento sería más peligroso para la vida en la Tierra que un aumento global de la temperatura.
- La reducción de la luz solar podría mermar la cantidad directa de energía solar disponible y perturbar procesos naturales tales como fotosíntesis, alterando la magnitud de onda de la luz solar que se recibe.
- Lo que sube, baja (casi siempre). Las toneladas de partículas que necesitarían propulsarse regularmente hacia la estratósfera encontrarán su camino de regreso a la Tierra. Todo lo relacionado con la salud y la seguridad ambientales y la contaminación por partículas, incluyendo las nuevas partículas manufacturadas, son relevantes en los esquemas internacionales de contaminación.
- Diseñar la estratósfera con geoingeniería facilita que la industria continúe con su propia contaminación atmosférica.























