Biochar

¿QUÉ ES?

Biochar es simplemente otro término para carbón. Específicamente, se refiere al carbón finamente molido que se agrega a los suelos. Mezclar algo de carbón con la tierra de la parcela o el jardín, no es geoingeniería (y tal vez ni siquiera sirva de nada), pero tratar de enfriar el planeta con cantidades masivas de eso, sí lo es.

LA TEORÍA:

La biomasa se clasifica equívocamente como “neutral” en términos de producción de carbono a pesar de las irrefutables evidencias de lo contrario –es decir, se cree que la biomasa logra un balance entre la cantidad de carbono que libera y la cantidad de carbono que captura. Los promotores del biochar dicen que debemos juntar y convertir en carbón madera, “desechos y residuos agrícolas” o incluso cultivos y árboles sembrados para ese propósito, y entonces enterrar el resultado, rico en carbono, en los suelos. Al hacer esto, aseguran, lograríamos tener más carbono en los suelos que haciéndolo de otra forma y el proceso completo sería “negativo” en términos de emisiones.

Muchos de los entusiastas del biochar, incluyendo el grupo representativo de sus cabilderos, la International Biochar Initiative (IBI, Iniciativa Internacional del Biochar), hablan de miles de millones de toneladas de biomasa convertidas en carbón para confinar en los suelos, con lo que se supone se crearán sumideros de carbono. Algunos de los miembros de la IBI incluso aseguran que si enterramos una cantidad suficiente, podríamos capturar todo el carbono emitido de la quema de combustibles fósiles. En público, los miembros de la IBI prefieren hablar solamente de “residuos” pero en artículos científicos recientes, muchos de ellos han dejado en claro que para producir mil millones de toneladas de biochar por año se necesitarían muchísimos terrenos extra. Director de la IBI incluso ha convocado a “invertir en genética y fitomejorameinto para desarrollar nuevos cultivos híbridos de cereales de alto rendimiento y cultivos exclusivamente productores de biomasa.”

Se necesitarían cientos de millones de hectáreas de plantaciones de árboles para producir esas inmensas cantidades de biochar. Se limpiarían de “residuos” bosques y tierras de cultivo, con lo cual los suelos se degradarían, se perderían nutrientes y habría muchísimas emisiones por el transporte de grandes cantidades de biomasa a las instalaciones donde debería carbonizarse… todas esas consideraciones hacen que la producción de biochar a esta escala sea más destructiva y no menos.

¿QUIÉN ESTÁ INVOLUCRADO?

La International Biochar Initiative es la organización paraguas que representa a la mayoría de los promotores del biochar. Trabajan para lograr una imagen que los presente como “protectores de los suelos”, o promotores de proyectos de “alivio a la pobreza”. Sin embargo, en su asociación con el consorcio Carbon War Room, la IBI se pronuncia por “aplicar fuerza abrumadora para que el biochar se incluya en diversos esquemas de comercio de carbono.” Esto, dicen, requerirá superar obstáculos, como el “lento reconocimiento de la UNFCCC (Convención sobre Cambio Climático de la ONU) y el limitado apoyo de la comunidad científica más amplia dedicada al clima.” Según la IBI esos “obstáculos” deben superarse sin importar las válidas preocupaciones de los miembros de la UNFCCC o de la comunidad científica.

La IBI representa principalmente a las compañías de biochar que inician (como Biochar Engineering en Estados Unidos; Pacific Pyrolysis en Australia o Carbon Gold en Reino Unido), otras firmas y sociedades industriales con intereses en el biochar y firmas consultoras. Muchos científicos están involucrados, pero muchos, tal vez la mayoría, tienen intereses monetarios personales. De la industria del aceite de palma a las enormes empresas petroleras, el biochar atrae cada vez más apoyo. Tim Lenton y Nem Vaughan han descrito al biochar como la mejor estrategia de geoingeniería, mientras Frank Raes, jefe de la unidad para el clima del Joint Research Centre de la Comisión Europea, apoda al biochar algo así como “geo-renovador.”

Oficialmente, la IBI es cuidadosa de no usar el término geoingeniería y trata de hablar solo de los “residuos” o “desperdicios” que pueden carbonizarse, sin embargo muchos de sus miembros promueven algo mucho más grande de lo que presentan en su sitio web y otros tantos hablan abiertamente de la geoingeniería —el grupo regional de la IBI en India, por ejemplo, dice que el biochar es una “iniciativa de geoingeniería.” Algunos miembros del Comité Consultivo Científico de la Iniciativa también promueven otros tipos de geoingeniería. La IBI respalda siempre las legislaciones que promueven el biochar hecho de plantaciones especiales o de lo que ambiguamente se define como “biomasa excesiva” en los parques nacionales de Estados Unidos.

¿QUÉ HAY DE MALO EN EL BIOCHAR?

Incluso si ignoramos la cuestión de la procedencia de toda la biomasa, el biochar de cualquier forma es una propuesta peligrosa para el clima y para los suelos. El polvo fino de biochar es esencialmente hollín, que puede transportarse con el viento y calentar aún más el planeta. Nadie sabe cuánto del carbono en el biochar permanecerá en el suelo y por cuánto tiempo, sin embargo hay evidencia de que agregar carbón al suelo puede promover que el carbono que ya se encontraba allí salga a la atmósfera como CO2. Se dice también que el biochar ayuda a que las plantas adquieran nutrientes, pero las plantas necesitan los nutrientes de los residuos orgánicos, y al carbonizarlos para producir biochar, los fertilizantes sintéticos se convierten en la única opción.

Es verdad que en algunos lugares los agricultores tradicionalmente mezclan algo de carbón con composta y otros residuos, y con el paso del tiempo se han creado suelos muy ricos de esta forma, tal es el caso de Terra Preta en la Amazonia central, creada en el lapso de hace 2500 y 500 años. Sin embargo nadie nunca ha carbonizado vastas cantidades de biomasa en un periodo corto de tiempo. Nadie ha enterrado masivas cantidades de biochar, ni nadie sabe qué sucedería si se combina con los fertilizantes de origen fósil presentes en prácticamente todos los suelos.

El mayor peligro del biochar es su escala. Se requiere que cientos de millones de hectáreas de tierra se conviertan en plantaciones para producir las cantidades de biochar de las que tanto se habla. Directa o indirectamente, esto significará más deforestación, más destrucción de ecosistemas, pérdidas de biodiversidad, y más acaparamiento de tierras y confinamiento de comunidades.

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