La geoingeniería no merece una seria consideración como medida de política ambiental

Pat Mooney1

  • La probabilidad de que esta tecnología ofrezca una solución segura, duradera, democrática y pacífica es minúscula

En la víspera de las negociaciones climáticas que iniciaron la semana pasada, la jefa de asuntos climáticos de la Organización de las Naciones Unidas, Christiana Figueres, dijo a The Guardian: “Nos estamos colocando en un escenario en el que tendremos que desarrollar tecnologías más poderosas para capturar las emisiones (de CO2) en la atmósfera”.2

 

¿Estaba Figueres pintando una imagen tétrica para enfatizar la urgencia de un nuevo acuerdo para reducir las emisiones o ensayaba su postura para promover la viabilidad política de las actividades dirigidas a aplicar tecnologías de geoingeniería al clima? La modificación intencional del clima —que habitualmente acechaba en las sombras como un “Plan B” de emergencia— pasa ahora a ser considerada a plena luz del día.

 

A pesar de una moratoria de facto aplicada a la geoingeniería climática, adoptada por la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CDB), en octubre de 2010, la geoingeniería está siendo crecientemente considerada como una posible necesaria, alegan otros respuesta a la crisis climática. Este es el tono adoptado por el Informe 2009 de la Real Sociedad Británica, el cual recomendó la realización de más investigaciones. Ese mismo tono fue adoptado por las audiencias organizadas el año pasado por comités parlamentarios en Londres y Washington, que escucharon testimonios de los mismos expertos y que tuvieron eco en el informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) de Estados Unidos. Los repetidos llamados a conformar una estrategia de investigación unificada han generado legitimidad al debate sobre el tema de las intervenciones deliberadas en el clima en escala global.

 

Justo antes de las negociaciones climáticas en Cancún, en diciembre de 2010, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) anunció que su 5º Informe de Evaluación (a ser publicado en 2014), incluiría la consideración de opciones relacionadas con la geoingeniería. Los trabajos del IPCC comenzarán la próxima semana durante una reunión de expertos en Lima, Perú.3 El grupo promotor científico detrás de la reunión de expertos incluye a varios investigadores en el campo de la geoingeniería que han abogado por un incremento de los fondos financieros destinados a la investigación y a la experimentación en el mundo real, pero también incluye a científicos que tienen patentes pendientes sobre tecnologías de geoingeniería, lo mismo que otros intereses de carácter financiero. Esperamos que en esa reunión, sus opiniones sean debidamente contrapunteadas por las de otros participantes con una perspectiva más crítica. La ciencia ha sido puesta en riesgo por los intereses personales.

 

Es en este contexto que varias docenas de organizaciones de todo el mundo enviaron una carta abierta al IPCC, el pasado lunes 13 de junio, demandándole una declaración inequívoca de su compromiso con el principio precautorio y respecto a la moratoria internacional vigente a la geoingeniería.4

 

Los signatarios de la carta son organizaciones de la sociedad civil que mantienen la opinión de que los gobiernos que nos lanzaron a esta crisis y han frenado las acciones frente al calentamiento global y que todavía se rehúsan a llevar a cabo acciones sustantivas— carecen de la inteligencia y la integridad como para confiarles el control sobre el termostato del planeta.

 

La manipulación del clima en un lugar del mundo podría tener graves impactos ambientales, sociales y económicos en países y pueblos que, de inicio, no fueron consultados sobre su anuencia. Los pueblos del Sur global lo saben a partir de su propia experiencia con el cambio climático antropogénico.

 

Mientras el mundo observa a las industrias de la aviación de Australia y Nueva Zelanda sumidas en el caos por las nubes de ceniza volcánica provenientes de Chile (a casi 10 mil kilómetros de distancia) —por no mencionar sus efectos en la salud humana y los ecosistemas más cercanos a la erupción del volcán Puyehue—, resulta absurdo que el IPCC siquiera preste atención a la idea de hacer algo similar ¡a propósito! El lanzamiento de partículas a la estratósfera podría dañar a África y a Asia, mediante la alteración de los regímenes de precipitación pluvial, tanto o más de lo que ya ha hecho el cambio climático por sí mismo.

 

Otros esquemas de geoingeniería propuestos bordan igualmente en el absurdo. Por ejemplo, alterar artificialmente la química de nuestros océanos, desarrollar nuevos sumideros de carbono en ecosistemas frágiles, el desplazamiento de grandes volúmenes de “biomasa” terrestre a la costa más cercana para darles (lo mismo que al carbono que contienen) un funeral marino.

 

Figueres la semana pasada, el profesor Lovejoy en el New York Times el pasado viernes 10 de junio,5 y los profesores Mace y Redgwell en The Guardian, el pasado lunes (13 de junio de 2011),6 se lamentan todos de nuestra dramática situación y concluyen con reticencia que no tenemos otra opción que seguir el riesgoso camino de la geoingeniería. Cuando se observan los datos actuales y las proyecciones sobre el clima, su argumento parece casi convincente.

 

Pero, ¿por qué tanto fatalismo si se continúa apoyando y subsidiando a la agricultura industrial, alta generadora de emisiones y se niega el apoyo a los pequeños agricultores que producen de manera sustentable? ¿Por qué, si se continúa subsidiando la extracción de combustibles fósiles, se autorizan nuevas plantas de generación eléctrica a base de la quema de carbón y se fracasa en los acuerdos para un nuevo periodo de compromiso para la reducción de emisiones dentro del Protocolo de Kioto? ¿Por qué si sabemos que el consumo sin fin es insostenible? Sabemos también que la biodiversidad es esencial para que podamos sobrevivir al calentamiento global, pero hemos fracasado en su protección.

 

Existen muchas soluciones al cambio climático que no tenemos otra opción más que la de adoptarlas. Soluciones probadas, democráticas y no riesgosas. ¿Por qué seguir un camino incierto, inequitativo y riesgoso? Si no somos capaces de tomar las decisiones correctas respecto a las soluciones probadas, ¿por qué habríamos de creer que tendrán éxito las soluciones cuyos impactos desconocemos?

 

La probabilidad de que la geoingeniería nos otorgue una solución segura, duradera, democrática y pacífica a la crisis climática es minúscula. El potencial para que con la geoingeniería se fortalezcan el unilateralismo, la especulación privada y los efectos desastrosos, irreversibles y no intencionales es enorme. La geoingeniería no merece una seria consideración en los círculos políticos que debaten sobre el clima. Debe ser prohibida.

 

Traducción al español: Octavio Rosas Landa R.

1 Pat Mooney es el Director Ejecutivo del Grupo ETC. Publicado originalmente en The Guardian, 15 de junio de 2011. Disponible en Internet: http://www.guardian.co.uk/environment/2011/jun/15/geo-engineering-climate-consideration#history-link-box.

2 Véase Fiona Harvey, “Global warming crisis may mean world has to suck greenhouse gases from air”, en The Guardian, 05 de junio de 2011. Disponible en Internet: http://www.guardian.co.uk/environment/2011/jun/05/global-warming-suck-greenhouse-gases.

5 Véase Thomas E. Lovejoy, “Geo-Engineering can save the planet”, en The New York Times, 10 de junio de 2011. Disponible en Internet: http://www.nytimes.com/2011/06/11/opinion/11iht-edlovejoy11.html?_r=3&emc=eta1.

6 Véase “Geoengineering research guidelines”, en The Guardian, 13 de junio de 2011. Disponible en Internet: http://www.guardian.co.uk/environment/2011/jun/13/geoengineering-research-guidelines.

 

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