La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra alcanzó una estruendosa conclusión en el estadio de futbol de Cochabamba, donde más de 35 mil personas de más de 140 países aclamaron la adopción de su propio plan estratégico para enfrentar el cambio climático en todo el mundo. El encuentro de Cochabamba no constituyó un Foro Social ni una reunión intergubernamental, sino una maravillosa mezcla de ambas, que logró conjuntar a delegaciones oficiales de gobiernos de 42 países con movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil de cien países más. Los más de 35 mil participantes llegaron a Cochabamba a pesar del cierre de la mayoría de las rutas aéreas que podrían haber conectado a las delegaciones europeas, asiáticas y africanas con la ciudad andina en el corazón del Altiplano.
El resumen de diez páginas de las deliberaciones de la Conferencia, leído en el estadio difícilmente podría describirse como una gran pieza de oratoria y requerirá una buena dosis de edición antes de ser enviado como documento base para las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC). Pero no hay duda de que representa el consenso de los tres días de discusión e intensas negociaciones que conjuntaron a pueblos indígenas, organizaciones campesinas, sindicatos, maestros, ingenieros, ambientalistas y un amplio espectro de organizaciones sociales, individuos interesados y pequeñas delegaciones que representaban a distintos gobiernos. La gente se sentó en el piso y abarrotó los accesos a las 17 diferentes sedes de los grupos de trabajo, lo cual puede verse como un raro y democrático intercambio sobre lo que es necesario hacer respecto al cambio climático. Muchas agencias de la Organización de las Naciones Unidas, incluyendo a un representante de su Secretario General, también participaron.
Las conclusiones de este encuentro histórico y su informe final completo serán incorporados directamente en las titubeantes negociaciones de la ONU sobre el cambio climático, con lo que se dará voz a aquellos que se sintieron silenciados en Copenhague. Durante una sesión final de diálogo entre gobiernos y representantes de la sociedad civil, el presidente Evo Morales y su contraparte venezolana, Hugo Chávez, fueron acompañados entusiastamente por el ministro de Asuntos Exteriores de Ecuador y el vicepresidente de Cuba en su propuesta para que el informe sea presentado directamente en las negociaciones sobre el cambio climático. Las cuatro personas que acudieron al diálogo en representación de los 17 grupos de trabajo denunciaron el Acuerdo de Copenhague, calificándolo de inadecuado e ilegítimo, al tiempo que condenaron las falsas soluciones como el mercado de emisiones, el Programa de Reducción de Emisiones causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD) y la geoingeniería e hicieron un llamado a favor del reconocimiento de los saberes ancestrales, de la abolición del régimen de patentes, de la agricultura sustentable y la protección de los derechos humanos. Se hicieron también exhortos a favor de la creación de una Corte Internacional de Justicia Ambiental, una Carta sobre los Derechos de la Madre Tierra y de un referéndum mundial sobre el cambio climático. Los representantes menores de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Australia, México, Francia, Reino Unido (y muchos otros países), permanecieron en silencio ante este diálogo entre gobiernos y sociedad civil organizado por el gobierno boliviano en un hotel cercano
El gobierno boliviano anunció su plan para organizar una Cumbre de los Pueblos en Cochabamba el pasado mes de diciembre, poco después de la debacle de Copenhague y el fracaso de los gobiernos para alcanzar algún consenso significativo o plan de acción. Resulta difícil de creer que tan sólo cuatro meses después pudiese ocurrir un encuentro tan impresionante y diverso. La decisión de realizar el encuentro en Cochabamba sin duda incrementó los problemas organizativos, pero sin duda fue una decisión maravillosa. Hace diez años, los ciudadanos de Cochabamba tomaron las calles y los campesinos erigieron barricadas para impedir la privatización del sistema de abasto de agua de la ciudad. La larga batalla y la victoria final les ganaron a los habitantes de Cochabamba el reconocimiento mundial, además de que puso sobre la mesa de las discusiones el tema de la privatización del agua y contribuyó al fortalecimiento de los movimientos sociales que comenzaron con las protestas contra la Organización Mundial de Comercio, en 1999 y condujeron a la creación del Foro Social Mundial, en 2001.
Si la Declaración de Cochabamba carece de poesía, no le falta retórica ni sustancia. En comparación con el Acuerdo de Copenhague, impuesto por el gobierno de Estados Unidos, el documento de Cochabamba es elegante, erudito y explícito, además de que contiene un plan de acción real. Por ejemplo, en él se plantea que la emisión de gases de efecto invernadero debe ser recortada a no más de 300 partes por millón y que la deuda ambiental de los países industrializados debe ser pagada por completo. El comercio de emisiones fue tajantemente rechazado y la asamblea se rehusó a aceptar tecnologías tipo “caballo de Troya” que, simulando enfrentar el cambio climático, no hacen otra cosa que experimentos de eficacia improbable usando los territorios de los países del Sur global como conejillos de indias. El texto completo del informe del encuentro en Cochabamba ofrece más detalles y ejemplos de todo aquello que debería impedirse, así como de aquello que podría hacerse.
El resumen del informe rechaza las falsas soluciones al cambio climático como la energía nuclear, los combustibles agroindustriales (o biocombustibles), los cultivos transgénicos, las plantaciones de árboles genéticamente modificados y la geoingeniería. A pesar de que la mayoría de los 35 mil asistentes al encuentro sabía poco o nada de la geoingeniería, el lanzamiento de la campaña H.O.M.E. (Hands Off Mother Earth o ¡No manipulen la Madre Tierra! – Nuestro Mundo no es un Laboratorio) (www.handsoffmotherearth.org) en pleno encuentro atrajo un gran interés durante los eventos y debates paralelos que ocurrieron, además de que el tema de la geoingeniería fue discutido también en varios de los grupos de trabajo. El mensaje de la campaña se vio fortalecido por la presencia de un puñado de científicos y empresas promotoras de la geoingeniería, que viajaron hasta Cochabamba desde Europa para organizar “seminarios”. Su presencia y participación solidificaron la oposición de los asistentes a la idea de cualquier “arreglo tecnológico” (techno-fix) que podría modificar masivamente los sistemas planetarios en tierra firme, los océanos o la estratósfera.
Aunque las participaciones en el encuentro fueron apasionadas y los debates intensos, esta conferencia internacional no careció de problemas. El gobierno de Bolivia esperaba una asistencia de entre 10 y 13 mil delegados, no 35 mil. Cochabamba y el poblado cercano de Tiquipaya, donde ocurrieron los eventos principales, estaban a punto de reventar y no faltó una considerable dosis de confusión respecto a los horarios y sedes de los eventos alternos y los grupos de trabajo. Muchas organizaciones expresaron su preocupación respecto a que las delegaciones gubernamentales —incluyendo a la delegación del gobierno boliviano— pretenderían manipular los resultados. El mismo gobierno de Bolivia fue criticado por impedir que una alianza de organizaciones de la sociedad civil de ese país conformara un “grupo de trabajo 18” con intenciones de participar en las negociaciones formales. Al final, el grupo de trabajo 18 se reunió a las puertas de la conferencia organizada en la universidad para discutir los planes del gobierno de promover la minería de plata y litio, así como otros desarrollos industriales relacionados con los combustibles fósiles. Así, mientras Bolivia mantiene una imagen internacional prístina, también tiene muchos sectores críticos, entre ambientalistas y otros movimientos progresistas, al interior de su territorio. A pesar de las diferencias, el grupo de trabajo 18 laboró abiertamente y atrajo a numerosas personas, quienes alternaban su tiempo entre las negociaciones formales e informales. Todo esto ocurrió en una atmósfera de paz, sin una presencia excesiva de los cuerpos de seguridad. El ejército boliviano estuvo ahí, ¡pero lo mismo revisando identificaciones de los asistentes a las conferencias, que dentro de los talleres!
Hubo también sentimientos encontrados respecto a una propuesta del gobierno boliviano de crear una “alianza global” entre gobiernos y sociedad civil para trabajar conjuntamente en relación con el cambio climático. Durante una cena el miércoles por la noche, un delegado brasileño propuso que la Cumbre de Cochabamba se realizara cada dos años. A pesar de que existe un apoyo genuino a la noción de un foro global que reúna a los gobiernos y a la sociedad civil en condiciones de equidad para discutir temas críticos, los movimientos sociales se mantienen firmes en su posición respecto a que la naturaleza y estructura de este tipo de encuentros requiere planeación y reflexión cuidadosas, por lo que no puede ser asumida en automático. Cochabamba fue una primera experiencia tremendamente exitosa, con un formato que pudo haber derivado en desastre, por lo que necesitamos aprender varias lecciones y estudiar más antes de tomar pasos adicionales.
Quizá el mayor éxito de la Cumbre de Cochabamba fue la de reunir a los negociadores de los gobiernos progresistas y a los movimientos sociales activos, todos los cuales establecieron el compromiso de dialogar y cooperar a lo largo de los próximos meses para, al final, converger en la Cumbre de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se realizará en Cancún, México, a finales del mes de noviembre. La sociedad se ha vuelto ya más militante y coherente y son cada vez más los gobiernos que están escuchando el mensaje de que la debacle de Copenhague no debe repetirse.
Pat Mooney, Director Ejecutivo del Grupo ETC, 26 de abril de 2010, Cochabamba, Bolivia.























